El Espíritu me lleva a cambiar mi manera de pensar

Dibujo de un cerebro con muchos textos bíblicos

Lectura Bíblica “Derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo.”  2 Corintios 10:5  “Hermanos, no seáis niños en el modo de pensar, sino sed niños en la malicia, pero maduros en el modo de pensar.”  1 Corintios 14:20 Reflexión Cuando un niño llega al mundo, comienza un proceso de aprendizaje que influirá profundamente en su futuro. Las enseñanzas que recibe, los ejemplos que observa y las verdades que escucha van formando su manera de pensar y de actuar. Por ello, la Escritura exhorta: “Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él” Proverbios 22:6. Existe una relación directa entre nuestros pensamientos y el rumbo de nuestra vida. Lo que permitimos que ocupe nuestra mente influye en nuestras decisiones; nuestras decisiones forman hábitos; los hábitos moldean el carácter; y el carácter termina orientando nuestro destino. Por esta razón, Dios se interesa profundamente en transformar nuestra manera de pensar. Como Padre amoroso, el Señor nos enseña a ver la vida desde su perspectiva. En Deuteronomio 6:4-9 encontramos el llamado a escuchar su voz, amarle con todo el corazón y mantener sus palabras constantemente delante de nosotros. El propósito no es simplemente adquirir conocimiento bíblico, sino permitir que la Palabra de Dios gobierne nuestra forma de interpretar la realidad, responder a las circunstancias y conducir nuestra vida diaria. A diferencia de un niño que apenas comienza a aprender, nosotros llegamos a Cristo con ideas previamente establecidas, experiencias dolorosas, conceptos equivocados y patrones de pensamiento arraigados. Por eso, el crecimiento espiritual requiere una transformación profunda de nuestro entendimiento. Las Escrituras muestran que esta transformación implica, en primer lugar, identificar y rechazar aquellos razonamientos que contradicen la verdad de Dios, 2 Corintios 10:5. En segundo lugar, debemos permitir que nuestra mente sea renovada continuamente, tal como enseña Romanos 12:2, para que los pensamientos de Cristo sustituyan las viejas maneras de pensar que aún permanecen en nosotros. El deseo de Dios no es que permanezcamos en una condición de inmadurez espiritual, influenciados por cualquier enseñanza o circunstancia. Su propósito es que alcancemos estabilidad, discernimiento y madurez en nuestra forma de pensar, Efesios 4:14; 1 Corintios 14:20. Esta obra no se logra únicamente mediante esfuerzo humano. Es el Espíritu Santo quien produce ese cambio interior. A través de la comunión diaria con Él, somos guiados a la verdad, recordamos las enseñanzas de Jesús y aprendemos a ver todas las cosas desde la perspectiva divina, Juan 14:26. Mientras permanecemos en su presencia y contemplamos a Cristo, el Espíritu transforma gradualmente nuestra manera de pensar para que refleje cada vez más el carácter y la mente de nuestro Señor. Oración Padre Dios, que tu Santo Espíritu transforme mi manera de pensar; derriba en mí todo argumento que se oponga a tu verdad y renuévame con la mente de tu Hijo Jesús. Amén. Alabanza

El espacio donde crecemos en Cristo

un arbol creciendo en una biblia

Lectura Bíblica “Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios…”  1 Juan 3:1-2 Reflexión El crecimiento de un niño no ocurre de manera inmediata. Desde sus primeros días aprende poco a poco, desarrollando capacidades, emociones y formas de relacionarse con quienes le rodean. Gran parte de ese aprendizaje proviene de observar e imitar a sus padres o a las personas que cuidan de él. El entorno en el que vive influye profundamente en su formación. De manera semejante, la vida cristiana también implica un proceso de crecimiento. Cuando nacemos de nuevo recibimos una nueva vida en Cristo, pero la madurez espiritual se desarrolla progresivamente. Para ello necesitamos permanecer en el ambiente que Dios ha provisto para nuestra formación: la comunión con el Espíritu Santo. Las Escrituras enseñan que, al mantener nuestra mirada puesta en el Señor, somos transformados gradualmente para reflejar cada vez más su carácter. Esta obra no es producto únicamente del esfuerzo humano, sino del trabajo constante del Espíritu de Dios en aquellos que permanecen cerca de Él. A través de la oración, el estudio de la Palabra, la vida congregacional, el testimonio cristiano y la obediencia, comenzamos a conocer más profundamente a Cristo. En ese caminar descubrimos su amor, experimentamos su paz y aprendemos a confiar en su dirección. Aunque muchas cosas no sean comprendidas de inmediato, Dios va revelando su verdad mientras permanecemos en su presencia. Por ello, valoremos la inmensa gracia de haber sido llamados hijos de Dios. Hoy estamos siendo moldeados por Él, y tenemos la esperanza segura de que un día veremos a Cristo tal como es y seremos plenamente semejantes a Él. Mientras llega ese día, la comunión con el Señor sigue siendo el lugar donde somos formados, fortalecidos y preparados para la eternidad. Oración Padre Dios, gracias por tu gran amor al adoptarme como tu hijo. Gracias por atraerme hacia ti por medio de tu Santo Espíritu. Enséñame a permanecer en tu presencia y ayúdame a disfrutar cada día de la comunión que tu Hijo Jesús restauró para mí. Amén. Alabanza

La transformación que nace de la comunión

la figura de una mujer caminando en un pasillo

Lectura Bíblica “Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor.”  2 Corintios 3:18 “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.” Romanos 12:2 Reflexión Durante los primeros años de vida, los niños aún están aprendiendo a comprender y expresar lo que sienten. Por eso reaccionan con llanto, enojo o frustración cuando no saben cómo manejar sus emociones. De manera semejante, cuando una persona nace de nuevo en Cristo, inicia una etapa de crecimiento espiritual en la que todavía lucha con hábitos, pensamientos y reacciones propias de la naturaleza humana. En este proceso, es indispensable reconocer que Dios nos ha dado un lugar de refugio y descanso en su presencia. Así como un niño encuentra seguridad y tranquilidad en los brazos de sus padres, el creyente halla paz para su alma mediante la comunión con el Espíritu Santo. Allí experimenta el amor de Dios, que fortalece, consuela y transforma. De la misma forma que un hijo aprende observando y escuchando a sus padres, nosotros somos moldeados al permanecer cerca del Señor. La transformación espiritual no ocurre únicamente por esfuerzo humano, sino por contemplar a Cristo y cultivar una relación constante con Él. En esa cercanía, nuestro carácter comienza a reflejar cada vez más su imagen. El Espíritu Santo nos recuerda que tenemos libre acceso al Padre. Al acercarnos a Él con confianza y permanecer en su Palabra, aprendemos a conocer el corazón y la manera de pensar de Jesús. Poco a poco, la mente de Cristo se forma en nosotros, renovando nuestro entendimiento y guiándonos a vivir conforme a la voluntad de Dios. Así se cumple la obra transformadora que las Escrituras describen: una vida que es renovada desde adentro y alineada con el carácter de nuestro Señor Jesucristo. Oración Señor Jesús, te pido que tu Santo Espíritu me conduzca a una comunión profunda que produzca una verdadera transformación en mí. Mi anhelo es que seas Tú quien viva y se manifieste a través de mi vida. Amén. Alabanza

Cuando la Ansiedad Quiere Gobernar

Persona sentada abrazando su cabeza

Lectura Bíblica “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias.” Filipenses 4:6 “Echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros.” 1 Pedro 5:7 Reflexión Vivimos en una sociedad marcada por la prisa, la incertidumbre y las preocupaciones constantes. Las noticias, la economía, los problemas familiares y los desafíos diarios pueden llenar nuestro corazón de temor acerca del futuro. Muchas personas cargan silenciosamente con ansiedad, intentando resolver por sí mismas situaciones que están fuera de su control. Sin embargo, la Palabra de Dios nos recuerda que no fuimos diseñados para llevar solos nuestras cargas. Pablo nos enseña en Filipenses 4:6 que la respuesta al afán no es ignorar los problemas, sino llevarlos delante de Dios en oración. La ansiedad nos hace mirar continuamente nuestras limitaciones; la oración nos lleva a contemplar el poder y la fidelidad de nuestro Señor. Pedro también nos exhorta a depositar toda nuestra ansiedad sobre Dios porque Él cuida de nosotros, 1 Pedro 5:7. No se trata de algunas preocupaciones, sino de todas. Nuestro Padre celestial conoce nuestras necesidades antes de que las expresemos y permanece atento a cada detalle de nuestra vida. Jesús mismo enseñó a sus discípulos que no vivieran consumidos por la preocupación del mañana, recordándoles que el Padre cuida de las aves del cielo y viste los lirios del campo, Mateo 6:25-34. Si Dios cuida de su creación, cuánto más cuidará de aquellos que son sus hijos. Cuando decidimos confiar en el Señor, experimentamos la verdad de Isaías 26:3: “Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera”. La paz de Dios no depende de la ausencia de problemas, sino de la certeza de que Él camina con nosotros en medio de ellos. ¿Qué preocupación has estado sosteniendo en tus propias fuerzas que hoy necesitas colocar en las manos de Dios? Oración Señor Jesús, hoy deposito delante de Ti mis preocupaciones, mis temores y mis incertidumbres. Ayúdame a confiar en tu cuidado y a recordar que nada escapa de tu voluntad. Que tu paz gobierne mi corazón y mis pensamientos durante este día. Amén. Alabanza

El amor, la Gloria de la Comunión

Lee la palabra de Dios “Y sobre todas estas cosas vestíos de amor, que es el vínculo perfecto”.  Colosenses 3:14 Reflexiona La comunión que por gracia recibimos al creer en Jesucristo (2 Corintios 13:14), nos une a Él, nos vuelve uno con Él y con el Padre, pues al recibir a Jesús como Señor y Salvador, se nos da su Santo Espíritu, quien viene a morar en nosotros, quitando la soledad y llenándonos de su amor como declara Romanos 5:5b “porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado”. El amor de Dios, que es el vínculo perfecto, el ligamento, el principio unificador que nos entrelaza al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, nos permite experimentar la unidad con Dios y con los demás creyentes, convirtiéndonos en un solo cuerpo, el cuerpo de Cristo, a través del cual podemos manifestar la Gloria de Dios. Manifestar la Gloria de Dios es dejar ver en nosotros lo maravilloso de Dios: su amor, sus cualidades, sus atributos, lo que trae honra y honor a Él, lo cual, realmente es dejar vivir a Cristo y morir nosotros, morir a nuestros propios pensamientos egoístas, a nuestro sentir pecaminoso y a nuestro orgulloso actuar. Para expresar esta Gloria extraordinaria de Dios es necesario vestirnos de amor, el amor de Dios, como dice Colosenses 3:14, es decir, dejar que la vida de Cristo se manifieste a través nuestro, pues sus Palabras y sus Actos revelan esa gloria de Dios que desborda de amor. El apóstol Pablo nos enseña en Colosenses 3:16 que la palabra de Cristo debe morar o estar presente en abundancia en nuestra vida, por eso de manera práctica nos insta a enseñarnos y exhortarnos unos a otros en toda sabiduría, expresando con salmos e himnos y cánticos espirituales la gratitud interna de nuestro corazón. Finalmente, en Colosenses 3:17 se nos exhorta a que todo lo que hagamos, sea de palabra o de hecho, lo hagamos en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él. Por lo tanto, hermanos pidamos a Dios, que sea su amor manifestándose poderosamente en nuestras vidas, tanto en lo que decimos como en lo que hacemos, gracias a la comunión del Espíritu Santo, para reflejar al igual que Cristo, la Gloria de Dios. Oración Espíritu Santo, te pido que me lleves a experimentar la verdadera comunión, pues mi anhelo es manifestar ese gran amor que has derramado en mi corazón, para así reflejar mejor tu Gloria. Amén. Alaba a Dios

Cristo ejemplo de comunión

Jesus en el cielo

Lee la palabra de Dios “La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno. Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado.”  Juan 17:22-23 Reflexiona El mejor ejemplo de cómo vivir una vida en plena comunión con Dios nos lo muestra nuestro Señor Jesucristo. En Juan 10:30, Él afirma: “Yo y el Padre uno somos”. Esta declaración nos revela una verdad fundamental: la verdadera comunión va mucho más allá de una relación entre dos personas; se trata de una unidad profunda donde el pensar, el sentir y el actuar llegan a ser los mismos. En nuestras relaciones humanas, a menudo toleramos las diferencias o buscamos el respeto mutuo a pesar de ellas. Sin embargo, en la unidad divina, existe un vínculo transformador que nos alinea totalmente con el corazón de Dios. Jesús vivía esta unidad de forma absoluta, pues su pensamiento, sus emociones y su actuar reflejaban perfectamente al Padre, lo cual se comprueba en lo que el Señor decía (pues de la abundancia del corazón habla la boca), pero también en lo que hacía, en su extrema coherencia entre su creencia y su vivencia. ✅Jesús siempre hablaba lo que el Padre le decía que hablase y hacia lo que el Padre le mandaba, como se evidencia en Juan 8:28-29 “Les dijo, pues, Jesús: Cuando hayáis levantado al Hijo del Hombre, entonces conoceréis que yo soy, y que nada hago por mí mismo, sino que según me enseñó el Padre, así hablo. Porque el que me envió, conmigo está; no me ha dejado solo el Padre, porque yo hago siempre lo que le agrada.” Lo más extraordinario es saber que esta comunión que Jesús disfrutaba con el Padre es el mismo anhelo que Él tiene para nosotros. Jesús nos ha otorgado la gloria que recibió del Padre, no para que estemos solos, sino para que permanezcamos unidos a Él en perfecta armonía.  ✅Juan 17:22-23 nos lo recuerda “La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno. Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado”. Hermanos, pidamos a Dios que al igual que en Jesús, su gloria se manifieste hoy en nuestras vidas, gracias a la comunión del Espíritu Santo, que nos mantiene unidos a Él mediante el vínculo indestructible de su amor. Oración Señor Jesús, hoy me postro delante de Ti, y te pido que por tu Santo Espíritu me lleves a la verdadera comunión, para así reflejar también la gloria de Dios. Amén. Alaba a Dios

Comunión

Fiel es Dios 1 cor

Lee la palabra de Dios “Fiel es Dios, por el cual fuisteis llamados a la comunión con su Hijo Jesucristo nuestro Señor.”  1 Corintios 1:9  “La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros. Amén.”  2 Corintios 13:14 Reflexiona Como creyentes, debemos sentir una profunda gratitud por la fidelidad de nuestro Dios, quien nos llama a la comunión con su Hijo Jesucristo, nuestro Señor (1 Corintios 1:9). Él nos atrae constantemente con cuerdas de amor, tal como lo expresa Oseas 11:4: “Con cuerdas humanas los atraje, con cuerdas de amor; y fui para ellos como los que alzan el yugo de sobre su cerviz, y puse delante de ellos la comida”. ✅Este amor y fidelidad de Dios se ha manifestado hacia la humanidad desde el principio de los tiempos. Como Padre amoroso, preparó todo para que viviéramos en perfecta comunión con Él, en un lugar especial: el huerto del Edén, descrito en Génesis 2:8: “Y Jehová Dios plantó un huerto en Edén, al oriente; y puso allí al hombre que había formado”.​ ✅​Es fascinante notar que, en el hebreo original, “jardín del Edén” se escribe “Gan Eden” (גַּן־עֵדֶן), y al analizar sus raíces, descubrimos el profundo propósito divino: Gan (גַּן) significa huerto o lugar protegido, mientras que Éden (עֵדֶן) evoca delicia, bienestar y una frescura que sacia el espíritu. No se trataba de un simple jardín geográfico, sino del “Jardín de la delicia”, un entorno donde el ser humano podía disfrutar de la satisfacción plena y el gozo inefable de la presencia de Dios, un placer que trasciende todo lo que el mundo pueda ofrecer. Lamentablemente, la desobediencia humana, nacida de la rebeldía y el orgullo, rompió esta comunión, como consecuencia de la muerte espiritual. Sin embargo, Dios, grande en misericordia y digno de suprema alabanza, tenía establecido un plan glorioso para restaurarnos, así gracias a la obra de su Hijo Jesucristo en la cruz, y por medio de la fe en Él, tenemos nuevamente acceso al Padre. Por eso, hermanos, la invitación es a recibir la gracia de nuestro Señor Jesucristo, a disfrutar del amor de Dios; y a permitir que el Espíritu Santo nos guíe, para que volvamos a vivir, desde hoy, en la plenitud de esa comunión con nuestro Padre Celestial. (2 Corintios 13:14). Oración Padre Dios, gracias por tu gran amor, gracias por atraerme hacia ti por medio de tu Santo Espíritu, ayúdame a disfrutar de la comunión que tu Hijo Jesús restauró. Amén. Alaba a Dios

Señor, llévame a tu encuentro

Manos extendidas

Lee la palabra de Dios “Por tanto, así dijo Jehová: Si te convirtieres, yo te restauraré, y delante de mí estarás; y si entresacares lo precioso de lo vil, serás como mi boca. Conviértanse ellos a ti, y tú no te conviertas a ellos.”  Jeremías 15:19 Reflexiona Para nadie es un secreto que como cristianos cada día somos ampliamente tentados, tentados a salir, desenfocarnos o distraernos de nuestra identidad y realidad espiritual; el mundo, nuestro cuerpo pecaminoso y por supuesto Satanás, están siempre queriéndonos llevar en contra del conocimiento y de la voluntad de nuestro Dios; es una guerra que, por supuesto, en nuestras fuerzas no podemos ganar. Sin embargo, queridos hermanos, es una victoria que ya Jesús en la cruz ganó por nosotros.​1 Juan 2:15-17, nos deja ver que cuando nosotros amamos o preferimos al mundo, así como los deseos de la carne, de los ojos y la vanagloria de la vida, que es a su vez los medios que usa nuestro enemigo para tentarnos, es porque el amor del Padre no está en nosotros, pero si no está en nosotros, no es precisamente porque Él no nos lo haya concedido, sino más bien porque nosotros no hemos a él accedido. ¡Ir a la cruz, ir a su encuentro y tomar de su amor! Jesús, cuando de esta manera fue tentado, estaba preparado, su corazón del amor del Padre había llenado; hoy el Espíritu de Cristo habita nuestro corazón y con el mismo anhelo y fervor que Jesús en aquel tiempo, quiere llevarnos al encuentro de nuestro Padre Dios; si nos arrepentimos, es decir, cambiamos de dirección, y en lugar de ir tras el pecado, vamos hacia donde el Espíritu nos encamina, entonces, dice el Señor: “yo te restauraré, y delante de mí estarás;” El Señor hará que podamos negarnos a nosotros mismos, y del conocimiento de su voluntad en toda sabiduría e inteligencia espiritual nos llenará; su propósito es que donde quiera que estemos y con quien sea que nos estrechemos, a Él siempre reflejemos; ser como su boca transmitiendo su palabra para dar gracia y edificación, convirtiéndose ellos a nosotros y no nosotros a ellos. Oración Papá Dios, sé que por tu fidelidad y el poder de tu Santo Espíritu que habita mi corazón, cada nuevo amanecer me llevarás a tu encuentro, abrirás mis ojos y me concederás la gracia de verte; gracias, Cristo Jesús, porque conmigo estas y tu victoria sobre el mundo, el pecado y Satanás a cada momento puedo tomar para vivir en la ley del amor y de la libertad, aleluya, amén. Alaba a Dios

El grito de amor

Texto Eli Eli

Lee la palabra de Dios “Cerca de la hora novena, Jesús clamó a gran voz, diciendo: Elí, Elí, ¿lama sabactani? Esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” Mateo 27:46 Reflexiona El grito del Señor Jesús en la cruz, o lo que la Escritura describe que “clamó a gran voz” es un instante que nos ha de recordar la gran aflicción que su alma sufrió, pero más conmovedor aún es el saber que su aflicción fue para nuestra redención, su alma afligida para que la nuestra fuese redimida (Isaías 53:10-11). Ese grito es el que se debe escuchar en nuestra conciencia espiritual y en toda la creación, pues fue un grito de amor, ese amor que todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera y todo lo soporta (1 Corintios 13:7). Jesús soportó el desamparo en la cruz para que tú y yo experimentemos su paz. ✅​Hermanos, situaciones difíciles, momentos de gran dolor, pérdida, sufrimiento entrega o sacrificio, esos que quizás muchas veces experimentamos por los hijos, o los hermanos, padres, nuestra pareja o hasta por nuestros amigos, han de tener consuelo, esperanza y también fortaleza, en el dolor, entrega y sacrificio que Jesús padeció por nosotros en la cruz. Aquel grito debe retumbar en todo nuestro ser, pues nadie ha sufrido, ni sufrirá como Él, la copa de la ira Santa de Dios, para que nosotros fuésemos herederos de su amor. ✅​Amados, el amor de Dios, por el Espíritu Santo, ha llenado nuestro corazón y no hay nada en nuestra alma que no encuentre su suficiencia, satisfacción y plenitud en su incomparable amor; como dice su Palabra en Efesios 3:19, conocer el amor de Cristo nos llena de toda la plenitud de Dios. De manera que, en esas situaciones que sintamos desfallecer o no poder, que quizás son demasiado fuertes para nosotros, recordemos el grito de amor de nuestro salvador, que retumbe en nuestro ser de modo tal, que avive nuestro corazón y podamos experimentar y expresar cómo realmente el amor de Dios, todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera y todo lo soporta, y que aun así, se vive en completa paz y esperanza. Oración Señor, cuando estoy triste, cuando siento que no tiene sentido la vida, pero me recuerdas la cruz, viene a mi mente tu grito de amor y me lleno de tu amor, me despierto del sueño y voy a mi verdadera realidad, la plenitud de Jesús en mí. Que tu Espíritu me recuerde y revele ese sacrificio eterno, ese día, ese grito, que retumbe en mi corazón y me coloque nuevamente en tu voluntad, en Cristo Jesús, amén. Alaba a Dios

Recibiendo nuestro crecimiento

Planta recibiendo agua

Lee la palabra de Dios “sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo, de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor. Efesios 4:15-16 Reflexiona ✅​Hablamos en el devocional del viernes anterior (servir para crecer), acerca de la importancia de crecer espiritualmente, pues así como en nuestra vida física si no crecemos y nos fortalecemos, corremos muchos riesgos de diferentes alteraciones o afecciones; en el ámbito espiritual, el estancamiento o el no crecimiento puede llevarnos a actuar en nuestros propios pensamientos, deseos y voluntad; dejar de nutrirnos con la verdad también nos puede llevar a vivir bajo el temor, la culpa y la condenación, en lugar de la fe, la misericordia y el amor; no crecer en el conocimiento del Señor, puede llevarnos a crear y a adorar al Dios de nuestra imaginación. ✅​La unidad del Espíritu, la hermandad en la congregación y la disposición de nuestro corazón para servirnos mutuamente y glorificar a Dios todos juntos, son los aspectos que el Señor hoy nos está recordando para que así todo su cuerpo reciba de Él, que es la cabeza, su crecimiento. Hermanos, la verdad es Cristo, la Palabra es Cristo, la unidad del Espíritu está en Cristo, el amor de Dios es en Cristo, el sentir de servir es de nuestro Señor y la humildad es Su cualidad (Juan 14:6, 1:14, 17:23, Romanos 5:5, 1 Juan 4:9, Filipenses 2:5-8). ✅​Amados, realmente, lo que podemos denominar como dolores, padecimientos o afectaciones espirituales descritas al inicio y derivadas de un no crecimiento, son consecuencias que muy probablemente todos nosotros, en algún momento, hemos tenido que padecer, y que por supuesto, no quisiéramos sufrir continuamente de ello. Por esto es que, desde ahora nuestra petición al Señor debe ser que sea Él concediendonos espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de Cristo, haciéndonos así crecer en Él. Oración Papá Dios, no quiero conocerte en mis fuerzas, Señor, no en mi mente, mi lógica o mi imaginación; concédenos, por favor, a todos tus hijos, espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento tuyo y de nuestro Señor Jesucristo; anhelamos recibir todos juntos, nuestro crecimiento, oh Padre Dios, amén. Alabanza