El Espíritu me lleva a cambiar mi manera de pensar

Lectura Bíblica

“Derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo.”

 2 Corintios 10:5 

“Hermanos, no seáis niños en el modo de pensar, sino sed niños en la malicia, pero maduros en el modo de pensar.” 

1 Corintios 14:20

Reflexión

Cuando un niño llega al mundo, comienza un proceso de aprendizaje que influirá profundamente en su futuro. Las enseñanzas que recibe, los ejemplos que observa y las verdades que escucha van formando su manera de pensar y de actuar. Por ello, la Escritura exhorta: “Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él” Proverbios 22:6.

Existe una relación directa entre nuestros pensamientos y el rumbo de nuestra vida. Lo que permitimos que ocupe nuestra mente influye en nuestras decisiones; nuestras decisiones forman hábitos; los hábitos moldean el carácter; y el carácter termina orientando nuestro destino. Por esta razón, Dios se interesa profundamente en transformar nuestra manera de pensar.

Como Padre amoroso, el Señor nos enseña a ver la vida desde su perspectiva. En Deuteronomio 6:4-9 encontramos el llamado a escuchar su voz, amarle con todo el corazón y mantener sus palabras constantemente delante de nosotros. El propósito no es simplemente adquirir conocimiento bíblico, sino permitir que la Palabra de Dios gobierne nuestra forma de interpretar la realidad, responder a las circunstancias y conducir nuestra vida diaria.

A diferencia de un niño que apenas comienza a aprender, nosotros llegamos a Cristo con ideas previamente establecidas, experiencias dolorosas, conceptos equivocados y patrones de pensamiento arraigados. Por eso, el crecimiento espiritual requiere una transformación profunda de nuestro entendimiento.

Las Escrituras muestran que esta transformación implica, en primer lugar, identificar y rechazar aquellos razonamientos que contradicen la verdad de Dios, 2 Corintios 10:5. En segundo lugar, debemos permitir que nuestra mente sea renovada continuamente, tal como enseña Romanos 12:2, para que los pensamientos de Cristo sustituyan las viejas maneras de pensar que aún permanecen en nosotros.

El deseo de Dios no es que permanezcamos en una condición de inmadurez espiritual, influenciados por cualquier enseñanza o circunstancia. Su propósito es que alcancemos estabilidad, discernimiento y madurez en nuestra forma de pensar, Efesios 4:14; 1 Corintios 14:20.

Esta obra no se logra únicamente mediante esfuerzo humano. Es el Espíritu Santo quien produce ese cambio interior. A través de la comunión diaria con Él, somos guiados a la verdad, recordamos las enseñanzas de Jesús y aprendemos a ver todas las cosas desde la perspectiva divina, Juan 14:26. Mientras permanecemos en su presencia y contemplamos a Cristo, el Espíritu transforma gradualmente nuestra manera de pensar para que refleje cada vez más el carácter y la mente de nuestro Señor.

Oración

Padre Dios, que tu Santo Espíritu transforme mi manera de pensar; derriba en mí todo argumento que se oponga a tu verdad y renuévame con la mente de tu Hijo Jesús. Amén.

Alabanza

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