Sentidos Ejercitados en el Discernimiento

Lectura Bíblica

“Pero el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal.” 

Hebreos 5:14

Durante estos días hemos visto que la comunión con Dios es mucho más que un momento ocasional de oración; es una relación continua que involucra todo nuestro ser. Sin embargo, para permanecer cerca del Señor en medio de las múltiples influencias que nos rodean, es necesario aprender a disponer y entrenar nuestros sentidos para aquello que fortalece nuestra vida espiritual.

1. Proteger lo que permitimos entrar a nuestro corazón

Nuestros sentidos son una vía de acceso a nuestros pensamientos y afectos. Por ello, Jesús enseñó: “La lámpara del cuerpo es el ojo” (Lucas 11:34), mostrando que aquello a lo que dirigimos nuestra atención influye directamente en nuestra vida interior. Del mismo modo, debemos ser cuidadosos con aquello que escuchamos, pues las palabras tienen el poder de orientar nuestro corazón hacia la verdad o alejarnos de ella. Por eso la Escritura advierte: “Cesa, hijo mío, de oír las enseñanzas que te hacen divagar de las razones de sabiduría” (Proverbios 19:27).

2. Examinar nuestros pensamientos a la luz de la Palabra

La comunión con Dios también requiere vigilancia sobre nuestra mente. El apóstol Pablo nos enseña cuál debe ser el filtro para nuestros pensamientos: “Todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro… en esto pensad” (Filipenses 4:8). Cuando aprendemos a evaluar nuestras ideas conforme a la verdad de Dios, protegemos nuestro corazón y fortalecemos nuestra relación con Él. Aquello que no se alinea con Cristo debe ser llevado a su obediencia para que no gobierne nuestra manera de vivir.

3. Desarrollar discernimiento mediante la práctica espiritual

La madurez espiritual no consiste únicamente en evitar aquello que es dañino, sino en ejercitarnos constantemente en aquello que nos acerca a Dios. Hebreos 5:14 declara que los creyentes maduros tienen los sentidos ejercitados para discernir entre el bien y el mal. Este crecimiento se desarrolla cuando cultivamos una vida constante de oración, estudio de la Palabra y dependencia del Espíritu Santo. A través de estas disciplinas aprendemos a reconocer con mayor claridad la voz de Dios y a distinguirla de las muchas voces que compiten por nuestra atención.

Nuestros sentidos desempeñan un papel importante en nuestra comunión con el Señor. Lo que vemos, escuchamos y permitimos permanecer en nuestra mente influye en nuestra sensibilidad espiritual. Por ello, al cuidar nuestras entradas, examinar nuestros pensamientos y ejercitar el discernimiento, estaremos mejor preparados para caminar en una relación más profunda con Dios. Que hoy nuestros sentidos estén atentos a Su voz y dispuestos para fortalecer una comunión cada vez más íntima con Él.

Oración

Padre Dios, hoy te entrego mis ojos, mis oídos y mi mente, y te pido que guardes mi corazón, para que todo lo que entre en mi vida edifique mi fe y me acerque más a ti. Amén

Alabanza

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